osvaldo puente

Enormes piedras cayeron plácidamente a la superficie del agua. Se hundieron silenciosamente y desaparecieron. Todo sucedió en un silencio que se expandió en tres dimensiones… hasta que todo quedó envuelto. El paisaje reveló entonces una sordidez diáfana y esencial. 

Respiré hondo, llené mis pulmones y entré en el reino de lo ambiguo.

Algunos lo llamaron nacimiento. Para mí, fue el comienzo de un proceso que sigo practicando a diario. En esta presentación, comparto algunos ejemplos de este camino.

Quizás la parte más íntima de mi producción creativa. Como un diario de viaje, estos cuadernos reflejan la evolución diaria de mis procesos de trabajo. A menudo contienen fragmentos de textos (míos o ajenos) particularmente relevantes en ese momento. A veces, bocetos de proyectos (muchos de los cuales nunca se realizaron). Una especie de viaje gráfico y textual, un diálogo con el papel que deja constancia de los procesos de gestación.

En este lenguaje, intentamos evocar lo que se intuye tras lo aparente. El formato es digital y suele haber un proceso de edición que lleva la imagen a un punto donde lo aparente y lo intuitivo se fusionan. El texto añadido sirve como elemento para cuestionar la linealidad del pensamiento lógico. Se incorpora una lectura imprevista e inesperada que completa la imagen.

Estas obras de mayor formato, en las que se aprecia la tridimensionalidad, se realizan para emplazamientos específicos. Implican trabajar con el contenido de un lugar concreto (su historia, su significado, sus características espaciales y sensoriales) para resignificarlo. En muchas de estas obras, la dimensión temporal también se manifiesta mediante el uso de sonidos que creo para la pieza. La percepción de la obra implica la participación espacial y temporal del espectador; ya no se trata de una visión contemplativa, sino que es necesario recorrerla para impregnarse de su atmósfera y su contenido.

Obras que emplean la tridimensionalidad pero se perciben de forma estática y contemplativa. Los soportes pueden ser lienzos con la aplicación de diferentes tipos de objetos y materiales (tierra, acrílico, disolventes, objetos, etc.). El resultado final busca tener el carácter de un objeto que induzca a la contemplación, el silencio y la meditación interior. En ocasiones, también aparecen textos como elementos significativos, ofreciendo nuevas lecturas o introduciendo un ámbito cultural o histórico específico para su interpretación.

Iniciado durante el período en que la gente decidió confinarse en sus hogares, este formato se canalizó a través de medios virtuales (que en aquel entonces permitían una interacción humana relativa). De duración limitada (de 20 a 30 segundos), su intención es evocar y recuperar el lenguaje de la sensación y la intuición. Las imágenes ya no son ilustraciones de una idea, no hay narrativas lineales, sino revelaciones de sensaciones primordiales olvidadas o desacreditadas por el discurso mental. Un soplo de aire fresco.

En ciertos periodos alternos recurro a este tipo de expresión bidimensional. Mientras este proceso se desarrolla (puede durar algunos meses), tomo un lápiz cada día, casi ritualmente, y vacío mi mente dejando que mi mano trace líneas sobre el papel. En el transcurso de este proceso, mi mirada comienza a detectar la aparición de formas identificables (generalmente partes del cuerpo, plantas…). A partir de entonces, mi mano delinea y define con mayor claridad lo que he intuido. No hay intencionalidad ni idea previa; no es un proceso de representación. Las imágenes emergen accidentalmente de un lugar olvidado en la mente y exigen su manifestación.

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